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Título: Importancia de las moscas como vectores
potenciales de enfermedades diarreicas en humanos
Autor: Pablo C. Manrique-Saide, Hugo Delfín-González
Institución: Departamento de Zoología, Colección Entomológica Regional,
Facultad de Medicina Veterinaria y Zootecnia, Universidad Autónoma de
Yucatán, Mérida, Yucatán, México
RESUMEN
El papel de las moscas en la transmisión de enfermedades diarreicas, en
particular Musca domestica, no es claro, aun cuando existe evidencia de
que son portadoras de una gran variedad de patógenos para el hombre. La
presente revisión recapitula la información de los últimos 50 años en
cuanto a posibles mecanismos de transmisión, principales patógenos aislados,
discusión de las evidencias de incriminación de las moscas como vectores,
aspectos importantes de los diferentes mecanismos de control que han sido
utilizados y antecedentes de estos aspectos en México. Palabras clave:
Musca domestica, moscas, vector, enfermedades diarreicas.
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INTRODUCCION
Las enfermedades causantes de diarrea son la mayor causa de mortalidad
y morbilidad en todo el mundo. Se estima que el número promedio de episodios
de diarrea en niños menores de cinco años es de mil millones al año, de
los cuales 3.3 millones resultan fatales (1).
La fuente de origen de estas infecciones se relaciona principalmente con
niveles bajos de higiene, sanidad y la contaminación de comida. Estudios
de laboratorio han demostrado que en la mosca común (Musca domestica)
pueden hallarse más de 100 agentes infecciosos para el hombre y los animales
(2-3), principalmente aquellos causantes de diarrea. Más aún, estudios
epidemiológicos y entomológicos recientes han demostrado que las moscas
pueden tener algún papel en la transmisión de estas últimas, en particular
de shigellosis o disentería (4-6).
De existir alguna relación entre las moscas y la transmisión de diarrea,
la mosca representa una amenaza a la población humana. Es por eso, que
aun cuando puedan tener un papel exclusivamente potencial, el control
de moscas debería ser considerado otra medida de prevención para la diarrea
en los tratados o referencias especializadas, más aún cuando en algunas
ocasiones ni siquiera se les menciona como una posible ruta de transmisión
(7-8).
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Mosca domestica como vector de agentes patógenos
La mosca común vive en contacto cercano con el hombre. Esto se conoce
como sinantropía. Las razones para esta coexistencia en la biocenosis
artificial humana son claras: las etapas inmaduras del ciclo de vida del
insecto se desarrollan en materia orgánica en proceso de fermentación
(basura, heces, carroña o drenajes) y los adultos se alimentan de las
mismas fuentes, todas comúnmente presentes en los asentamientos humanos.
Estos hábitos, aunados a que las moscas presentan un comportamiento endofílico,
alternación constante entre heces-comida y una gran capacidad de vuelo
y dispersión, les confiere la capacidad de funcionar como vectores mecánicos
potenciales de organismos patógenos (3).
Existen tres formas en las cuales las moscas pueden transmitir patógenos:
i) a través de su superficie corporal (patas, partes bucales), ya que
están cubiertas de espinas y cerdas en las cuales el material contaminado
puede ser atrapado y transportado, ii) por regurgitación de comida como
preludio al alimentarse, ya que es común que una pequeña gota de la comida
más reciente sea vomitada sobre el substrato, puede ser una ruta importante
de infección para patógenos pequeños y, iii) por ingestión y defecación
de patógenos como una de las vías potenciales más importantes, ya que
el agente infeccioso es protegido mientras se encuentra en el aparato
digestivo del insecto y mantenido por períodos de tiempo mayores que en
las rutas anteriores (9).
Muchos de los agentes infecciosos pueden sobrevivir y reproducirse en
las moscas durante dos semanas después de la exposición (10-11) y aunque
el número de organismos necesarios para la transmisión es difícil de encontrar
bajo condiciones naturales en moscas, las bacterias depositadas en la
comida, aun en pequeños números, pueden multiplicarse hasta alcanzar la
concentración necesaria para producir infección en humanos. Los virus
y protozoarios depositados en la comida, pueden no multiplicarse, pero
la dosis infectiva es baja y entonces la infección puede presentarse (8).
Es importante distinguir entre el aislamiento del patógeno y su virtual
transmisión. La flora microbiana podría reflejar sólo la presencia de
organismos particulares en cierto ambiente, así que las moscas sólo estarían
fungiendo como indicadores de presencia o ausencia en vez de estar transmitiendo
a los microorganismos (12). Teniendo en consideración lo anterior, el
hallazgo de un microorganismo en las moscas no es suficiente evidencia
para demostrar que está funcionando como vector. Además, y de acuerdo
a los criterios formales para la incriminación de vectores, es necesario
demostrar que existe transmisión, consistencia en la transmisión y relación
poblacional (13).
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Cincuenta años de evidencia: de los 40 a los 80
La incriminación de las moscas como vectores se ha hecho principalmente
por el aislamiento de agentes patógenos a través de cualquiera de las
rutas mencionadas y a partir de la relación de los picos estacionales
de la abundancia de moscas y prevalencia de enfermedades diarreicas.
Históricamente, las primeras observaciones fueron hechas durante la Primera
y Segunda Guerras Mundiales. Las operaciones militares en áreas tropicales
y subtropicales revivieron consideraciones acerca de las moscas como vectores
de enfermedades diarreicas. Con la disponibilidad del DDT durante la Segunda
Guerra Mundial, el control de moscas con efectos en el curso de epidemias
fueron por primera vez registrados (14). La disentería fue entonces, escogida
como un modelo de transmisión mecánica por las moscas.
Los primeros estudios para tratar de esclarecer el papel de las moscas
en la transmisión de disentería, mostraron una relación en la reducción
del número de moscas y la incidencia de casos de shigellosis (15-16).
De manera paralela, el hallazgo del virus de la polio en heces humanas
y la evidencia posterior de la infección comprobada de chimpancés con
virus de polio por comida contaminada por moscas, enfatizó el posible
papel de las moscas en la transmisión de enfermedades. Ya para mediados
de los años cincuenta, gran número de observaciones y experimentos relacionaban
a las moscas y cerca de 30 agentes patógenos incluyendo Shigella, Salmonella
y Chlamydia trachomatis, entre otros (17).
No obstante, la atención sobre las moscas como vectores potenciales aparentemente
fue menos enfática durante la década de los años sesenta y principios
de los setenta. Merecen especial atención los trabajos de Greenberg (18)
que expuso a voluntarios a comida previamente contaminada por moscas,
y demostró la transmisión directa de Salmonella; los trabajos de Gupta
y colaboradores (19) con una larga lista de huevos y quistes de macroparásitos
aislados de moscas. Una previamente identificada, pero reiterada relación
entre el número de moscas y morbilidad por diarrea demostrada por Kumar
y colaboradores (20).
En contraste, a partir de la creación del Programa para el Control de
Enfermedades Diarreicas (CDD) de la Organización Mundial de la Salud (página
Web OMS) en 1978, el interés por la transmisión potencial de diarrea por
las moscas inició de nuevo en la década de los años 80. Con técnicas más
avanzadas, múltiples organismos fueron aislados de moscas incluyendo Campylobacter,
Escherichia coli, Vibrio cholerae, Vibrio parahaemolyticus, Entamoeba
hystolica, Giardia duodenalis y algunos helmintos (21-28).
Durante los últimos diez años, el papel de las moscas en la transmisión
de enfermedades oportunísticas ha sido el principal foco de atención.
Las moscas han sido relacionadas en hospitales con la transmisión de Klebsiella,
Candida y Toxoplasma gondii (29-30). Esto adquiere particular relevancia
en pacientes que sufren padecimientos que deprimen el sistema inmune y
que corren riesgo de fatales consecuencias en el mismo interior de los
hospitales y, más aún, las moscas han mostrado que pueden dispersar estos
patógenos en los alrededores (29).
Otro medio de incriminación ha sido la asociación entre la eliminación
o control de las moscas y la desaparición del organismo patógeno en poblaciones
humanas o la reducción de los casos de enfermedades causados por este
último en la población. La mejor evidencia que se tiene es para Shigella
(disentería bacteriana). La infección en humanos puede ocurrir después
de la ingestión de pequeños números de estos organismos que sean transmitidos
por moscas. La evidencia experimental que soporta dichas observaciones
surgió de programas de control llevados a cabo en el sur de los Estados
Unidos de Norteamérica después de la introducción del DDT en los años
50. Se encontró que una reducción en la prevalencia se daba posteriormente
a la reducción de la densidad de moscas (15-16). Evidencia mucho más firme
se originó de una intervención de "cross over" recientemente llevada a
cabo en Israel. Después de la aplicación de un programa de control de
moscas en bases militares se encontró que una reducción en el número de
moscas llevó a una reducción significativa en el número de visitas clínicas
por shigellosis y para seroconversión a anticuerpos para Shigella (y también
para E. coli enterotoxigénica) (4).
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Medidas
de control
El control de mosca doméstica en ambientes rurales y urbanos tiene como
objetivo reducir las poblaciones larvarias y adultas mediante sanidad
ambiental y métodos químicos. La sanidad ambiental e higiene en los asentamientos
humanos es normalmente recomendado como una medida fundamental de control
a largo plazo (31-32). Sin embargo, promover la higiene doméstica depende
de una educación extensiva y demanda una enorme inversión e infraestructura,
tales como manejo, almacenaje, recolección y sistemas de tratamiento de
residuos sólidos y líquidos.
En muchas ocasiones puede ser muy difícil instrumentar sistemas sanitarios
efectivos dada la enorme variedad y cantidad de sitios reproductivos probables,
que cambian y constantemente se acumulan. El control químico normalmente
comprende el tratamiento de los sitios reproductivos de las etapas pre-adultas
y la aplicación de insecticidas de manera residual (sitios de reposo)
y espacial, así como cebos y cordones envenenados para las fases adultas.
El control residual es el más utilizado como estrategia de control para
mosca doméstica y aunque puede dar buenos resultados, puede crear con
rapidez resistencia en la mosca. La resistencia a insecticidas organoclorados
y organofosforados está ampliamente demostrada en el mundo y la resistencia
a piretroides ha empezado a detectarse en algunos sitios (32-33).
Los cebos envenenados parecen ser poco populares, por su corta duración
y el riesgo que su manejo implica. Sin embargo, han demostrado hasta un
90% de eficiencia en áreas rurales de la India (34). Dados los problemas
asociados con el uso de insecticidas, se ha vuelto necesario el retomar
otros métodos de control. El control biológico y genético se ha probado
poco y los resultados son muy modestos (35).
Trampas eléctricas con luz como atrayentes han sido muy promovidas (36-37),
aunque se ha demostrado que su eficiencia para reducir poblaciones de
moscas es limitada (38, 32). Debido a todos los problemas que implican
estos métodos de control, recientemente se ha retomado la atención en
la utilización de trampas para moscas. Estudios en Israel a principios
de los 60, demostraron que una trampa sencilla, utilizando atrayentes
naturales (levadura o proteína animal) puestas en número suficientes y
posiciones estratégicas, pueden ser altamente efectivas para reducir poblaciones
de moscas hasta en un 50% en 48 horas, en áreas rurales (39-40). En fechas
más recientes, estas trampas redujeron poblaciones en campos militares
en Israel en un 64%, y fueron propuestas como una estrategia sostenible
de control de moscas y shigellosis (4).
Estos resultados despertaron la inquietud general sobre la importancia
de las moscas y su control, para reducir la incidencia de enfermedades
diarreicas en países en desarrollo (41-43).
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El
caso de México
En México, no sólo Musca domestica es considerada como vector potencial
de enfermedades. Existen otras familias de dípteros (Anthomidae, Calliphoridae,
Sarcophagidae, Sepsidae y Sphaeroceridae) que pudieran llegar a ser igualmente
importantes. Desde el punto de vista de salud humana además de Musca domestica
destacan Cochliomyia macellaria, Coproica ferruginata, C. vagans, Fannia
canicularis, F. incisurata, Hydrotea dentipes, Ophyra aenescens, Palaeosepsis
sp, Phaenicia sericata, Phormia regina, Sepsis punctum y S. biflexuosa
(44-45).
Todas estas especies son de amplia distribución (45-49). Para las especies
de los género Fannia e Hydrotea, en México no se ha confirmado el aislamiento
de patógenos. Para las otras especies, la única referencia de que se tiene
conocimiento es el trabajo de Greenberg y colaboradores (44), que encontraron
que el porcentaje de positividad para 12 tipos (sic) de Salmonella variaba
entre el 20% y el 66% en las moscas colectadas en rastros. Ocho tipos
fueron aislados de C. macellaria y cinco de M. domestica y P. regina,
siendo Salmonella derby la de mayor prevalencia. En la más reciente revisión
sobre enfermedades tropicales en México (51) sólo se hace una brevísima
mención al papel de las moscas en la transmisión del cólera, al decir
que durante los brotes uno de los mecanismos más frecuentes es la ingestión
de alimentos contaminados por haber estado en contacto con agua, manos
y moscas portadoras (52).
Las experiencias de control de poblaciones de moscas en México son muy
pocas. La información más abundante incluye sólo recomendaciones sobre
educación sanitaria. Las recomendaciones van en el mismo sentido que las
ya señaladas en el texto. El único caso del que se tiene conocimiento
de la intención de controlar las poblaciones data de los años 60, cuando
aumentó la población de estos insectos en la Piedad, Michoacán y alrededores
del estado de Guanajuato (45). A manera de conclusión Desde hace 50 años,
el hecho de que las moscas pueden ser vectores mecánicos es aceptado por
la opinión pública. Sin embargo, a partir de la información expuesta,
se puede obtener como conclusión que la situación está lejos de estar
resuelta. Más bien parece que hay una tendencia a minimizar el papel de
las moscas en la transmisión de enfermedades, en particular aquellas que
causan diarrea.
Es cierto que la cantidad de patógenos albergados por las moscas no es
suficiente evidencia para concluir que están actuando como vectores, como
tampoco suficiente para decir lo contrario. Aun cuando las moscas no resulten
o sean la ruta principal de transmisión de patógenos causantes de diarrea,
¿es acaso el punto a discutir? Se sabe que hay muchas rutas posibles para
la transmisión de este tipo de enfermedades, y que uno de los métodos
principales para su control inicia con la identificación de las rutas
de transmisión y posteriormente, de acuerdo con las prioridades y recursos
disponibles, se instrumentarán las intervenciones.
Las intervenciones que implican la reducción del número de moscas han
demostrado disminuciones del 40% en la incidencia de diarrea (53). Aunque
algunos de los estudios tengan fallas metodológicas, ¿no sería conveniente
repetir dichos estudios con mejores métodos y planeación? Por otra parte,
se ha dicho también que el control de moscas en muchas ocasiones no es
seguro para humanos y otros animales, ya que se hace principalmente mediante
insecticidas.
Métodos seguros y a largo plazo para el control de moscas son difíciles
de alcanzar aunque sean exitosamente instrumentados, no constituyen una
intervención que resulte positiva en términos de costo-efecto que pueda
ser utilizada para programas nacionales de control de diarrea en países
en desarrollo (8). Sin embargo, las intervenciones sugeridas para la prevención
de la diarrea como promoción de higiene, distribución de agua potable
y mejor sanidad tienen un costo aproximado de USD $1000 por cada muerte
infantil evitada.
Es por eso, que aun cuando estas intervenciones sean efectivas en algunas
ocasiones (con excepción de vacunas y alimentación con pecho materno),
la mayoría son a largo plazo y tienen un costo elevado (7). Aunque las
moscas jueguen un papel menor en la transmisión de enfermedades diarreicas,
un consejo sensato podría ser el uso de medidas específicas y sostenibles
para el control de moscas, tales como remoción o tratamiento de desechos
orgánicos, letrinas mejoradas en cuanto a su diseño, protección de la
comida y niños del contacto con las moscas, trampas para moscas o uso
de insecticidas en epidemias. Los resultados en tiempo y costo-efecto
de estos métodos podrían incluso superar los otros métodos. De hecho el
control de moscas debería de ser recomendado durante situaciones especiales
como hambrunas o campos de refugiados. La ausencia de evidencia sólida
de que las moscas están actuando como vectores de patógenos para humanos
no significa que no sean fuentes potenciales de transmisión.
Lo que hace falta, de manera urgente, son estudios encaminados a determinar
si realmente son vectores, para así poder estar listos a atacarlos como
rutas de transmisión de diarrea. Ya sabemos que las enfermedades diarreicas
matan más niños que cualquier otra enfermedad, entonces ¿no sería válido
y apreciable cualquier esfuerzo para remediarlo?
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AGRADECIMIENTOS
Al Dr. Desmond Chavasse y al Dr. Jonathan Lines por sus comentarios al
manuscrito.
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